Bienaventurados los que se encuentran en el fondo del pozo, porque ahí sólo queda luchar hasta quedarse sin fuerzas

Os escribo esta especie de poema, el cual siempre leo cuando mi ánimo se encuentra dos puntos por debajo del ánimo de Kafka, es decir, cuando tengo la sensación de estar en el fondo de un pozo, en donde lo único que se puede hacer es luchar para alcanzar el rayo de luz que se puede observar a lo lejos.

El poema lo encontré en una tesis que trataba sobre visión por computador, justo las primeras semanas que trabajaba ( mejor dicho, disfrutaba ) con el mismo tema.

Puede que sea un poco cursi y que carezca de metáforas y todo eso, pero a mí me ayuda.

”Están los que usan la misma ropa.
Están los que llevan amuletos.
Los que hacen promesas,
Los que imploran mirando al cielo.
Los que creen en supersticiones.

Y están los que siguen corriendo cuando les tiemblan las piernas.
Los que siguen jugando cuando se acaba el aire.
Los que siguen luchando cuando todo parece perdido,
como si cada vez fuera la última vez,
convencidos de que la vida misma es un desafío.

Sufren pero no se quejan, porque saben que el dolor pasa, el sudor se seca.
El cansancio se termina.
Pero hay algo que nunca desaparecerá: la satisfacción de haberlo logrado.

En sus cuerpos hay la misma cantidad de músculos,
en sus venas corre la misma cantidad de sangre;
lo que los hace diferentes es su espíritu.
La determinación de alcanzar la cima.
Una cima a la que no se llega superando a los demás,
sino a uno mismo.” anónimo

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