Ciegos voluntarios. Espido Freire

Tenemos los ojos abiertos, peo no nos vemos. Los hombres no ven a las mujeres, desean entenderlas. Las mujeres no ven a los hombres , prefreirían que cambiaran. Los gays se quejan de son ser vistos; otros se quejan de que no se ve otra cosa. Quienes miran a la izquierda no vuelven la cabeza. Los que están a la derecha tampoco.
Las familias ocultan los defectos, y cuando haya trapos sucios, los lavan a oscuras, entre ellos.
Loa jóvenes carecen de visibilidad e intentan trabajar en lo que sea tras una o dos carreras que ahora resultan invisibles en su currículo. Los niños no ven a los niñas , porque son tontas. Las niñas apartan la mirada de los niños porque son unos brutos.
La anorexia hace que los cuerpos desaparezcan pero nadie parece verlo. La cirugía estética ni siquiera se aprecia; se ha convertido en habitual. Se come sin mirar lo que metemos en el aboca, se bebe hasta no ser capaza de ver donde se pone el siguiente paso. Las drogas ponen los ojos vidriosos y la boca seca. Los libros ni se miran.
Los vecinos niegan que hubiera maltrato, solo discusiones. Otros aseguran que el asesino era encantador y educado, que nunca dio un problema, ni adivinaron nada raro. Que los terroristas siempre saludaban en el ascensor y pagaban la comunidad puntualmente.
No nos vemos, miramos a otro lado. A la televisión, a la publicidad, a una pantalla encendida, al móvil que se ilumina. A las luces que parpadean, a la nada.

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