Mujer rutina

De entre todos los ruidos,

sonidos

y músicas de la noche,

el único que distingo es el taconeo del caminar de la mujer envuelta en la rutina.

Conozco bien ese ruido para algunos,

sonido para otros,

y música para unos pocos,

que es su caminar.

Conozco bien lo que piensa,

lo que mira,

y lo que desea.

El resto, esa misma noche, poco me importa.

No me importa quién regularmente escucha sus sordos gemidos,

con quién desayuna el lunes por la mañana

o dónde y con quién pasa sus veranos.

Pero el caso es que ahora mismo escucho ese caminar,

que pide a gritos que algo cambie,

que algo suceda y le saque de la rutina por unos segundos, ¿quizá unos minutos?.

No sé,

algo tan inocente como ver un tren caminando hacia atrás,

como ver el tren ave volar sin contaminar,

como ver un avión adelantando en la autovía,

como ver un semáforo eternamente en rojo,

como ver una araña de agua por la tierrra,

como ver a un hombre llorar por una mujer,

como ver su corazón recobrando la ingenuidad.

A veces, llenar su coche de poemas de amor,

me ha válido, para al menos una cena,

cuando menos curiosa,

siempre divertida.

Otras, un cuéntame lo que te apetezca mientras nos tomamos una copa,

me ha valido para escuchar secretos que andaban escondidos en un oscuro rincón de su pudor.

Porque al caminar de una mujer envuelta en la rutina, la cobijan la noche y mi oido.

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