Tardes en Sevilla

Tardes de reencuentros entre miradas,
que un día cuando fueron jóvenes,
se unieron puramente mediante el contaminado aire.

Tardes de baños en piscinas de aguas sucias,
pero limpias de malos deseos y malas intenciones.

Tardes de ojos marrones,
que consiguen hacer secundario
incluso el sólido color azul del fondo de la piscina.

Tardes de ojos marrones,
tan marrones como el suelo de un bosque,
en el cual y sin saber el motivo no te importaría perderte para siempre.
Y una vez, perdido en ese marrón bosque con forma de ojos,
explorarlo hasta la última cueva.
Y donde haya oscuridad, crear claridad.
Y donde haya sequía, crear abundancia.
Y donde haya árboles llorosos, cambiarlos por árboles alegres.
Y allí donde haya dolor, crear consuelo.
Y allí donde haya locura, crear cordura.
Y allí donde haya odio, crear amor.
Y allí donde haya vacío, plantar mi corazón.

Tardes de conversaciones sanas,
que no consiguen ocultar tu cuerpo
tendido en una toalla,
con un color de piel parecido al de un desierto,
un desierto peligroso y lleno de curvas,
pero que al ser tan hermoso,
se te hace imposible no intentar recorrerlo,
aunque sea posible que se te seque el corazón en el intento,
pero de algo habrá servido,
si consigo al menos,
encontrar tu joven pero castigada sonrisa,
aunque sea únicamente en mitad de un espejismo.

Tardes de Sevilla a tu lado,
soñando conocerte y explorarte,
incluso antes y con más entusiasmo
que a aquella mágica ciudad.

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